Remontando el río Urumea

¡Siempre es agradable un paseo junto al río! El paseo que va junto al Urumea se trata de una zona llana y cómoda, donde generalmente corre una suave brisa, que transcurre junto a edificios señoriales y donde el fluir del agua te acompaña durante todo el camino... La orilla del Urumea es un recorrido habitual para muchos y muchas donostiarras y para la personas que nos visitan.

Distancia

Icono distancia 3,86Km

Paradas

Icono localización 11

Tiempo

Icono tiempo a pie 45m
  • Vista del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia desde la desembocadura del río Urumea
  • Puente del Kursaal y Palacio de Congresos Kursaal
  • Desembocadura del río Urumea vista desde el Palacio de Congresos Kursaal
  • Vista del monte Urgull desde la desembocadura del río Urumea

1. Desembocadura del Urumea

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Desembocadura del Urumea

Comenzaremos el paseo en la explanada que hay junto al edificio del Kursaal. Justo donde empieza el espigón. Si nos colocamos mirando al mar, a nuestra izquierda veremos como el río Urumea desemboca en el Cantábrico, y el monte Urgull tras él.

Hace tiempo Urgull era otra pequeña isla que compartía con Santa Clara el protagonismo de la bahía. La bahía de la Concha se extendía desde Igeldo hasta Ulia, y en ella desembocaba el río Urumea dando lugar a una extensa superficie de zonas húmedas (ahora mismo estaríamos en el agua...), y tanto Santa Clara como Urgull eran islas dentro de la misma. Posteriormente la desembocadura del río se fue desplazando hacia el este debido a la formación de un tómbolo arenoso que unió Urgull con la tierra firme transformándolo en una península. De este modo la bahía perdió su relación con el río Urumea quedando constituida su estructura actual en forma de concha con la isla de Santa Clara como relieve central de la misma. Hoy en día los ambientes originales de dunas y marismas han desaparecido completamente bajo la estructura urbana de la ciudad.

Justo en el otro lado, hacia el este observamos la playa de la Zurriola y el monte Ulia al fondo. Se trata del monte más oriental de los tres que componen el horizonte donostiarra, junto con Igeldo y Urgull, también es el menos antropizado y el de mayor valor naturalístico. La cercanía del mar y el suelo de textura arenosa influyen considerablemente en la vegetación que encontramos en este monte. Acantilados marinos, y pequeños robledales de melojo y roble, vegetación potencial de la zona que se ha visto desplazada por la introducción de especies exóticas y ornamentales.

La ladera norte que da al mar reúne unas condiciones muy particulares, alta salinidad, fuertes vientos del océano y suelo silíceo, lo que hacen que únicamente especies muy bien adaptadas crezcan aquí. Por ello, los acantilados de Ulía, están protegidos, y se integran en la Red Natura 2000 europea como Zona Especial de Conservación. Albergan especies de plantas que solamente encontramos en este entorno junto con gran variedad de aves que se refugian en los salientes de los acantilados.

La playa de la Zurriola, que observamos a nuestra derecha, a los pies de Ulia, en realidad es una playa artificial. La playa natural con su campo de dunas, fue urbanizada en la primera mitad del siglo XX.

Remontamos el río siguiendo su curso junto a él. Seguimos por la calle Ramón María Lili. Nos fijamos en los árboles de este paseo al borde del Urumea, que seguramente se nos harán familiares.

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Vista del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia desde la desembocadura del río Urumea

1 Desembocadura del Urumea

  • Tamarices del Paseo Ramón María Lili de San Sebastián
  • Tamarices del Paseo Ramón María Lili de San Sebastián
  • Tamariz en flor

2. Tamarices en Donostia

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Tamarices en Donostia

El tamariz es un árbol autóctono, muy fácil de encontrar en estado natural en arenales, dunas, acantilados marinos y entornos similares de la costa vasca debido a su capacidad de resistir el viento y las altas concentraciones de sal.

Fue a comienzos del siglo XX de la mano del concejal del Ayuntamiento de San Sebastián, Agapito Ponsol, que durante un viaje a la costa francesa descubrió este árbol. Junto con Pierre Ducasse, el jardinero municipal de la época y autor entre otros de los jardines de la Plaza de Gipuzkoa y de los palacios de Miramar y Aiete, se percataron de que era un árbol de tronco robusto que resistía bien las inclemencias meteorológicas y la sal, por lo que se propuso colocarlo en el Paseo de la Concha.

Su propuesta se recibió de buen agrado en la ciudad, ya que hasta la fecha ninguno de los árboles plantados había conseguido frenar el viento y los temporales del Mar Cantábrico. Lo que no terminaron de aceptar los donostiarras fue el nombre, ya que llevan más de cien años llamándole "Tamarindo", árbol tropical que nada tiene que ver con los tamarices.

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Tamarices del Paseo Ramón María Lili de San Sebastián

2 Tamarices en Donostia

  • Águila de pidra en lo alto del edificio que une el Paseo Colón con la Calle Miracruz de San Sebastián
  • Cruce del Paseo Colón y la Calle Miracruz de San Sebastián

3. Águila del Paseo Colón

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Águila del Paseo Colón

Al llegar al puente de Santa Catalina dejaremos el borde del río para poner la atención en lo alto del majestuoso edificio que une el Paseo Colón con la Calle Miracruz, para fijarnos en las dos águilas, de piedra claro, que coronan el tejado. Parece que estas aves rapaces acechen desde lo alto a su presa, esperando el momento oportuno para abalanzarse sobre ella. La escultura de águila más conocida de la ciudad es la que se encuentra en la Plaza del Centenario, pero no es la única de la ciudad. (Por lo que se ve Gros no tiene nada que envidiarle al centro... tiene un paseo de tamarices y a falta de una águila, dos).

Seguimos adelante y nos desviamos un poco del Paseo Urumea hacia Duque de Mandas, acercándonos a el edificio de los juzgados. Justo en este lugar, dónde las vías del tren pasan por encima de nuestras cabezas, nos encontramos sobre unos grandes depósitos de agua subterráneos.

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Águila de pidra en lo alto del edificio que une el Paseo Colón con la Calle Miracruz de San Sebastián

3 Águilas del Paseo Colón

  • Tanques de tormentas de la Plaza Teresa de Calcuta de San Sebastián

4. Tanques de tormentas

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Tanques de tormentas

Se trata de los tanques de tormentas. Unos enormes depósitos subterráneos creados para almacenar las primeras aguas de lluvia, que además son las más contaminantes, porque arrastran toda la suciedad acumulada en las calles y en el asfalto. De este modo, los tanques evitan que las depuradoras sobrepasen su caudal máximo y tengan que verter el excedente, sin tratar.

En días de precipitaciones intensas, el agua se filtra a través de las alcantarillas, pero debido a su enorme volumen, no puede ser depurada inmediatamente.

Por este motivo, estas aguas esperan en los tanques de tormentas hasta que deja de llover. Es entonces cuando se conducen gradualmente a las estaciones de depuración. Con ello, no solo se evita la contaminación de los ríos, sino que, además, se impiden posibles inundaciones y daños ambientales.

Se trata de una infraestructura de la red de alcantarillado municipal, invisible a nuestros ojos, pero necesaria para el buen funcionamiento de la ciudad.

Volvemos al margen del río, retomando el Paseo Urumea.

No será difícil observar alguna gaviota desde aquí. Sobrevolando el río, bañándose en grupos o aprovechando la marea baja para tomar el sol sobre sus piedras.

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Tanques de tormentas de la Plaza Teresa de Calcuta de San Sebastián

4 Tanques de tormentas

  • Hombre alimentando a las gaviotas en la Calle República Argentina de San Sebastián

5. Gaviotas

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Gaviotas

Las gaviotas son las aves marinas más populares, más abundantes y más fáciles de observar en puertos, costas y acantilados. Son aves oportunistas con una enorme capacidad de adaptación. En estos últimos años se han adaptado a vivir en las ciudades a cuenta de los desechos y gracias el cobijo que les proporcionan pueblos y ciudades. Son coloniales y viven en grandes grupos y, aunque pueden dar apariencia de desorden y anarquía, están perfectamente organizados. Son escandalosas y expresivas, pocos grupos de animales hay más ruidosos que una colonia de gaviotas, y son muy comunicativas tanto vocal como gestualmente.

Son también aves con una gran capacidad de aprendizaje, y décadas de estudios científicos han demostrado que pueden aprender, recordar e incluso enseñar a otras gaviotas ciertas habilidades. Son monógamas, las parejas lo son para siempre, aunque no convivan todo el año, y solo se emparejan durante la época de reproducción.

Existen diferentes especies de gaviotas que, aunque pueden resultar similares físicamente no lo son. Junto con alguna más exótica que pueda visitarnos esporádicamente, las más comunes en el Urumea son:

  • Gaviota patiamarilla: Es la más común en Donostia. Destaca por sus patas, que efectivamente son amarillas.
  • Gaviota reidora: De menor tamaño, tiene las patas y el pico rojos. Presenta un capuchón negro en la época reproductora (primavera-verano). El resto del año, los adultos pierden las plumas oscuras de la capucha, que quedan reducidas a una pequeña mancha junto al ojo.
  • Gaviota sombría: Es muy parecida a la patiamarilla respecto al tamaño y color de las patas y pico. En cambio, su plumaje del dorso es más oscuro.

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Hombre alimentando a las gaviotas en la Calle República Argentina de San Sebastián

5 Gaviotas

  • Obelisco del puente de María Cristina
  • Figuras de criaturas marinas de uno de los obeliscos del puente de María Cristina
  • Caballo dorado que corona uno de los obeliscos del puente María Cristina de San Sebastián
  • Figuras de animales mitológicos de la barandilla del puente María Cristina de San Sebastián

6. El puente de María Cristina: Dragones y Caballos

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El puente de María Cristina: Dragones y Caballos

El Urumea esconde grandes sorpresas, y no todos los animales que alberga en su cauce son reales... ni de carne y hueso. Nos acercamos hasta el puente María Cristina para descubrirlos.

Este puente, considerado por muchos el más elegante de los que cruzan el Urumea, fue construido en 1904 por el ingeniero José Eugenio de Rivera y el arquitecto Julio Zapata. Al igual que gran parte de los edificios construidos en esa época (muchos de ellos durante los años 1887-1929, en los que María Cristina veraneaba en San Sebastián), este puente tiene un marcado estilo parisino influenciado por la Belle Epoque. De hecho, todo el puente está inspirado en el puente de Alejandro III de París.

Debemos alzar la vista sobre los cuatro obeliscos para observar los caballos dorados que los coronan alzándose hacia el cielo. Las estatuas están realizadas en cemento y están pintadas de color oro. Además de los caballos, este emblemático puente donostiarra cuenta con otros animales mágicos, protagonistas de cuentos y viejas leyendas, los dragones, que nos ven pasar desde lo alto de las farolas o escondidos en las barandillas.

Pero estos animales inertes no son las únicas imágenes curiosas que podemos encontrar en este puente. Si te tomas un rato para fijarte en sus detalles, verás que las barandillas y la cerámica de sus arcos vienen decorados con criaturas mitológicas y marinas, serpientes, niños, barcos, y, en general, varias estampas relacionadas con un romántico imaginario marítimo y naval.

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Obelisco del puente de María Cristina

6 El puente de María Cristina: Dragones y Caballos

  • Ostras en el lecho del río Urumea

7. Ostras

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Ostras

Si dejamos la estación a nuestras espaldas, recorremos el puente por la acera derecha y casi al final del mismo nos asomamos a la barandilla, veremos en el lecho del río unos montículos blancos que a primera vista parecen piedras o escombro. Pero son ostras. Unos moluscos bivalvos perfectamente adaptados a las zonas intermareales, que se alimentan filtrando el agua del mar y atrapando placton y partículas suspendidas. Incansables, pueden llegar a filtrar hasta cinco litros de agua por hora.

Volvemos al Paseo Urumea a seguir paseando por la margen derecha junto al río.

Es obvio que este último tramo el río está canalizado, y el cauce fluye entre muros de piedra que lo limitan a ambos lados. Si nos fijamos en estas paredes que retienen el agua, veremos que sobre ellas también hay vida. En sus grietas habitan unas plantas muy singulares.

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Ostras en el lecho del río Urumea

7 Ostras

  • Hinojo marítimo en la pared de uno de los muros que encauza el río Urumea
  • Hinojo marítimo en la pared de uno de los muros que encauza el río Urumea
  • Flor de hinojo marítimo

8. Hinojo marítimo

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Hinojo marítimo

El Hinojo marítimo (Crithmum maritimum). Se trata de una planta muy bien adaptada a grietas y muros del litoral, porque no necesita mucha agua ya que la almacena en sus tallos y hojas carnosas, y crece en suelos pedregosos y poco profundos. La encontramos en primera línea expuesta a los vientos cargados de sal y salpicaduras del oleaje. Se le llama hinojo marítimo porque sus inflorescencias se asemejan mucho a las del hinojo común.

Antiguamente, los navegantes llevaban hojas de esta planta conservadas en adobo con sal y vinagre en sus largas travesías, ya que además de prevenir el escorbuto (debido a su alto contenido en vitamina C) también tiene propiedades depurativas, digestivas y diuréticas. Sus hojas tiernas son consumidas en ensaladas o en conserva, y también se añaden en adobos y salmueras para dotarlos de su particular aroma.

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Hinojo marítimo en la pared de uno de los muros que encauza el río Urumea

8 Hinojo marítimo

  • Meandro del río Urumea visto desde la pasarela Mikel Laboa
  • Mujer atravesando la pasarela Mikel Laboa en patinete eléctrico en dirección al parque Cristina Enea
  • Pasarela Mikel Laboa

9. Meandro de Cristina Enea

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Meandro de Cristina Enea

Al llegar a la altura de la pasarela Mikel Laboa que une el barrio de Riberas de Loiola con el parque Cristina Enea, observaremos que los edificios de la otra orilla dejan paso a árboles y plantas. Estamos ante el parque Cristina Enea.

Esta antigua finca que perteneció a los duques de Mandas, actualmente parque urbano, se encuentra en una pequeña colina creada por el último meandro del río Urumea. Los duques de Mandas eligieron estos terrenos junto al Urumea, lo que eran en aquella época las afueras de la ciudad. A los primeros terrenos que compraron de la que era la finca Mundaiz, siguieron caseríos, huertas y un molino de marea junto al río. Invirtieron una buena cantidad de dinero comprando todo ello, lo que hizo que la finca tuviera el tamaño perfecto para construir su propio paraíso. Según iban adquiriendo los terrenos, la finca se iba diseñando al gusto de la época y del matrimonio. Caminos, bosques, árboles, el estanque... era lo primero que se diseñaba y construía, antes que el palacio o los edificios de servicio. Para ello, contrataron a grandes arquitectos y paisajistas de la época, de lo mejor del momento, como el jardinero Lecour, el paisajista parisino Georges Aumont o el famosísimo jardinero Pierre Ducasse.

Siguiendo por la ribera en este tramo, desde Cristina Enea a la Clínica Quirón, durante la bajamar quedan expuestos los márgenes fangosos del río.

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Meandro del río Urumea visto desde la pasarela Mikel Laboa

9 Meandro de Cristina Enea

  • Cabeza de cormorán
  • Andarrio chico con un invertebrado en el pico

10. Cormoranes y limícolas

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Cormoranes y limícolas

Nos encontramos en el curso bajo del Urumea, cerca de su desembocadura. En este tramo donde el agua discurre despacio y se modera la pendiente, el río deposita el sedimento en sus márgenes. Este sedimento compuesto principalmente por lodo y arena es donde encuentran su alimento las aves limícolas, que gracias a sus largos y finos picos buscan y atrapan invertebrados bajo el lodo. Suelen tener colores pardos para camuflarse en el limo por lo que nos puede costar encontrarlos a primera vista, pero si nos fijamos un poco seguro que encontramos algún andarrios chico, con su llamativo vientre blanco y el característico movimiento vertical de la cola. También podremos encontrar grupos de vuelvepiedras rebuscando entre los guijarros a la caza de pequeños invertebrados.

También podemos encontrar algún cormorán descansando con las alas abiertas al sol.

¿Por qué lo hacen? Pues porque el plumaje del cormorán tiene menos aceite que el de otras aves, y absorbe el agua debido a su estructura Sus plumas se empapan en lugar de repeler el agua como las de los patos, por ejemplo. Aunque esto suena como una desventaja, se cree que es una adaptación que ayuda a los cormoranes a bucear a gran profundidad y cazar bajo el agua más eficazmente.

Cuando un cormorán sale del agua, primero sacude su plumaje. Luego extiende sus alas para que las partes húmedas del plumaje se sequen más rápido.

Si resulta que es nuestro día de suerte, incluso podríamos ver pasar a toda velocidad una flecha azul turquesa sobre la superficie del río. Es el martín pescador.

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Cabeza de cormorán

10 Cormoranes y limícolas

  • Vista del río Urumea desde las proximidades del puente Astiñene
  • Puente Astiñene, conexión entre los barrios de Loiola y Egia

11. El río Urumea

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El río Urumea

Su nombre, Urumea "ur mehea" (aguas finas) hace referencia a sus aguas limpias y trasparentes.

Nace en el puerto de Ezkurra (Navarra), uno de los lugares más lluviosos de la península Ibérica y pasa por Goizueta, Hernani, Astigarraga para morir en Donostia. Su principal afluente es el río Añarbe, que nace en la finca de Artikutza. A nivel general, la cuenca del Urumea se considera una de las mejor conservadas de Gipuzkoa, y dos tramos del río presentan figuras de protección debido a su gran valor ecológico, aunque a partir de Hernani el grado de urbanización del territorio le resta valor naturalístico.

A pesar de ello, en este paseo hemos podido constatar la biodiversidad y la riqueza cultural que se acumula en torno a un río. Un río urbano sano es un corredor de biodiversidad, un espacio para el disfrute y fuente de bienestar.

Por eso, esperamos que durante este recorrido hayamos abierto los ojos dejemos de darle la espalda al Urumea para mirarlo con nuestras nuevas gafas verdes.

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Vista del río Urumea desde las proximidades del puente Astiñene

11 El río Urumea

Vista del Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia desde la desembocadura del río Urumea

Te proponemos una ruta autoguiada diseñada por Cristina Enea Fundazioa, con la que podrás descubrir pequeñas sorpresas, curiosidades y detalles que hasta ahora habían pasado desapercibidos frente a tus ojos.

Animales y plantas que habitan en nuestra ciudad, imaginarios, inertes o verdaderos supervivientes.

Mas allá de la pasarela Mikel Laboa, el rio Urumea discurre a lo largo de 6km más por los barrios de Loiola, Txomin-Enea y Martutene. ¡Te invitamos a seguir caminando rio arriba para conocer más sobre la historia, la diversidad y la riqueza que rodean al Urumea!

Esperamos que tras esta visita los habitantes y tesoros que nos acompañan en nuestros paseos sean un poco más cercanos y apreciados.

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