¿Sabías que el agua en Donostia es de alta calidad? ¡Descubre sus fuentes!

En Donostia apostamos por un modelo de ciudad sostenible… ¡y por ello queremos animarte a beber agua del grifo y de nuestras fuentes! Si lo piensas bien beber agua de grifo es la alternativa más económica, práctica y ecológica. Pero es que además, en Donostia, el agua de grifo no solo es potable, sino que es de alta calidad y se encuentra entre las tres mejores de España, junto con la de Las Palmas y Burgos, según la OCU.
La ciudad es muy cómoda para recorrer a pie o en bicicleta, con una distancia de 6 kilometros si recorremos su costa de punta a punta (aproximadamente una hora), y además cuenta con un gran número de fuentes públicas de libre uso… ¡así que no olvides beber un poco de agua mientras realizas tu recorrido! Aquí puedes ver todas las fuentes con las que cuenta la ciudad: Mapa de fuentes en Donostia / San Sebastián 

Un poco de historia…

Uno pensaría que, en una ciudad verde, más lluviosa de lo que gustaría a muchos y marcada por su cercanía al agua, este no sería un elemento que haya sido escaso alguna vez para los donostiarras. Sin embargo, y como ocurrió en muchas otras ciudades, en Donostia se ha pasado sed, y no han sido pocos los esfuerzos que se han hecho a lo largo de la historia para que el agua llegara a sus habitantes.

Los primeros esfuerzos comenzaron a través de las obras del acueducto de Morlans para encauzar el agua de varios manantiales que se encontraban en aquella zona. Incluso a día de hoy podemos ver restos de aquella estructura.

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A este recurso, y a medida que la ciudad fue creciendo y su población fue en aumento, se añadieron a la lista los recursos de Moneda, Lapazandegui (1848), Errotazar (1865), Txoritokieta (1885) y Olarain (1892), hasta que la escasez fue totalmente resuelta a través de la compra de Artikutza (1919).

Pero lo que queremos tratar hoy es la forma en la que este bien líquido ha llegado a las bocas de los donostiarras, a través de sus fuentes, y como estas esconden historias y momentos que nos hablan de la ciudad y sus gentes. En los cientos de años en los que no se contó con el lujo de acceder al agua con el simple gesto de abrir el grifo de nuestras cocinas, las fuentes públicas cumplieron con esa labor convirtiéndose además en punto de encuentro social, lugar de citas y conversaciones entre vecinos.

Una de las más antiguas es la fuente Kañoietan, que ya existía en tiempo los tiempos de la Donostia amurallada.

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Algunos historiadores relacionan esta fuente con el nacimiento de la tamborrada, cuando las chicas de servicio amenizaban la espera para recoger el agua de esta fuente haciendo sonar los cubos de madera que portaban y que hacían llamar herradas.

Por aquella época también, existía en la actual plaza del Txofre una fuente a la que mucha gente de intramuros prefería acudir pues tenía la fama de ser agua más saludable, además de servir de lavadero. A día de hoy encontramos una fuente en dicha plaza, pero esta, aunque también tiene su belleza, no tiene que ver con la antigua.

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Fama de saludable, incluso mágica, tenía la antigua fuente de la salud, que se ubicaba en Amara Viejo, a orillas del Urumea y tenía tres caños espigados. De ella lamentablemente no queda nada, pues en 1905 el ayuntamiento decidió clausurarla y desapareció. La razón; el peligro de que sus aguas quedarán viciadas por los desagües de los caseríos cercanos. En su lugar, o mejor dicho en su memoria y representación, encontramos una fuente de tres caños en forma de leones en la Plaza Easo, y una escultura en forma de fuente que homenajea a la genuina y primera fuente de la salud.

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Otro de los habitantes más antiguos de Donostia, y este si se mantiene vivo, es el león que encontramos en la Plaza Lasala, que a pesar de no funcionar como fuente a día de hoy, su historia se remonta 1848 cuando servía como tal y estaba instalada junto a la Puerta de Tierra, donde se recogían las aguas del acueducto de Morlans.

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La plaza en la que se ubica ahora, dedicada al antiguo alcalde Fermín de Lasala y Urbieta (1798-1852), fue reformada en 2008 y se aprovechó para restaurar el león que presentaba síntomas de oxidación, además de cambiarle la peana y añadirle un chorro de agua que salía de su boca, que poco después se decidió retirar.

Otras de las fuentes mejor conservadas, aunque ahora cumplan solo tengan función ornamental, son las tres fuentes Wallace ubicadas en el Paseo de Francia. Reciben ese nombre por el filántropo inglés Richard Wallace, quién tras la guerra con Prusia que originó la rendición de Napoleón III (1870) y que dejó una París asolada, decidió dotar de fuentes públicas económicas pero elegantes que ayudaran a su población. El modelo que creó Wallace rápidamente se extendió a muchas ciudades europeas, entre las cuales se encontraba Donostia, quién compró varias unidades a finales del siglo XIX y las ubicó en el Paseo de la Concha.

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Lo más curioso de estas fuentes diseñadas por Charles Lebourg es que contaban con cuenquitos metálicos que colgaban de una cadena, y que servían para servirse y beber el agua. Un método impensable en términos higiénicos a día de hoy, pero que encantó a las gentes de aquella época.

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Lo cierto es que nuestras fuentes han evolucionado con nuestras costumbres y nuestra sociedad, siendo reflejo de cada momento vivido.

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Son decenas las fuentes que podemos encontrar en las calles de San Sebastián, muchas más de las que creemos.

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Solo hay que tener los ojos bien abiertos para poder confirmar que ya es imposible pasar sed en San Sebastián.


 

Fotos: Carlos de Gil

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