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Donostia, by locals

Te voy a desvelar el secreto más dulce de Donostia…

Un helado de los de toda la vida

En Donostia, hay algo tan tradicional como comer pintxos, subir al Monte Igeldo o conocer la Playa de La Concha, y es vivir la experiencia de disfrutar de un helado artesanal, cremoso, de esos que te dejan el sabor en la boca durante horas. Un helado de los de toda la vida.

No importa si es verano o invierno, si hace frío, llueve o hace un sol abrasador. En Donostia siempre verás una heladería abierta, y te cruzarás con una persona caminando por la Parte Vieja o disfrutando del atardecer en uno de los miradores del paseo de La Concha mientras saborea un helado en tarrina o cucurucho.
Y es que en Donostia el helado no se relaciona con una temporada concreta o con un clima, sino con los momentos.

No puedes irte de la ciudad sin haber visto el atardecer desde Sagüés, o haber paseado al caer la noche por la Bahía o el Paseo Nuevo sin un helado entre tus manos. Es más, no puedes visitar Donostia y no comer un helado de alguna de sus heladerías.

¿Dónde comer un helado artesanal?

Si eres una persona indecisa, tómatelo con paciencia. Primero deberás elegir la heladería, y aviso que hay más de 15 solo en los metros que separan el Kursaal del Boulevard. Pero no son las únicas. Si estás recorriendo las calles de Riberas de Loyola, Antiguo, Amara, Egia o Gros también encontrarás heladerías donde podrás disfrutar de ese momento de felicidad y que resulta sospechosamente adictivo. ¡No conozco a nadie que no le guste el helado!

Vídeo: Casa Aramendia

Una vez te decantes por una, deberás ‘enfrentarte’ a mostradores amplios y llenos de colores. Son litros y litros de helado cremoso listos para degustar. Más de 30 sabores diferentes, sin colorantes ni aditivos en la mayoría, con poco azúcar en otros, siempre manteniendo la calidad.

Foto: Casa Arnoldo

Decenas de sabores, desde los más exóticos como el Mango o el Pistacho (los preferidos de los turistas), hasta los más tradicionales, como el Yogurt, el Limón o el Chocolate, pasando por sabores más novedosos como el Kinder Bueno, Cookies o Dulce de leche. Pero también encontrarás delicias innovadoras como el helado de Roscón de Reyes, un auténtico placer si te pierde el dulce.

CASA ARNOLDO: la más antigua de la ciudad

Siempre que pases por la calle Garibay, verás a alguien con un cucurucho con bolas de helado de Café o Chocolate negro. Y seguramente serán de Casa Arnoldo, que lleva endulzando la ciudad desde 1935. Ellos fueron los primeros. Aquel año desembarcaron en Donostia procedentes de Italia. De donde se trajeron el arte de hacer helado. Recetas artesanas elaboradas con una fórmula tradicional que todavía hoy se mantiene.

Si te pierde el Chocolate, la visita a esta casa es obligatoria, porque su helado es magia; frío y cremoso, sabor intenso que perdura durante horas.

Foto: Casa Arnoldo

HELADERÍA OIARTZUN: el paraíso de los sabores únicos

Solo entrar en esta heladería ya es una experiencia. Cuenta con un mostrador lleno de sabores definidos con nombres originales, que rotan con frecuencia para que repitas o vuelvas a caer en la tentación. Un total de 52 sabores de los cuales 48 son aptos para celíacos y 12 especialmente formulados para veganos. Oiartzun es el paraíso para personas abiertas a probar nuevos helados, disfrutar de un cóctel de diversos gustos y aromas en un mismo bocado. Sabores únicos como el Donosti o el Primavera se mezclan en el mostrador con los más tradicionales.

Esta es una heladería con auténtica pasión por lo artesano, en la que se mezclan la tradición pastelera con la heladera, de la que nacen helados de suculentos bollos elaborados en su obrador, como el de Roscón de Reyes. Artesanía, tradición y productos naturales para consolidar la leyenda de la calidad de los helados hechos en San Sebastián.

Foto: Casa Oiartzun

Bolas de felicidad

Disfrutar de un helado sin prisa, saborearlo sin que se te derrita, sabiendo que es un helado de verdad, saludable, cremoso, con textura y sabor. Un momento único mientras paseas por la Bahía, recorres la Parte Vieja o disfrutas del atardecer en Sagúes. No puedes irte de Donostia sin darte el gustazo de probar el sabor más dulce de la ciudad.

Mi birramona (bisabuela en euskera) solía contar que antes los helados se vendían en farmacias como medicina. Y si lo piensas bien, tiene su lógica, porque no hay mal que un dulce no cure. No verás a nadie con un helado en la mano que no cierre los ojos y sonría. Y en esos momentos en los que estás más triste, con desanimo, te agobia algo y necesitas desconectar… dime la verdad ¿no piensas en comerte un buen helado? Y es que son bolas de auténtica felicidad.

¿Quieres un helado?

Foto: Casa Oiartzun

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